Hay algo que no cambiaría por nada del mundo, la simplicidad, don
de gente del santiagueño de tierra adentro. Graciela Quiñones es maestra de Los
Juríes, a punto de jubilarse, y a pesar de lo que le espera, cobrará casi 4200
pesos, su sonrisa no se pierde. Los Jurìes está a casi 360 km de Las Termas,
mínima para la voluntad de Graciela, que llega junto a su hermana a acompañar a
los maestros de la ciudad termal, epicentro del experimento intervencionista.
Ponerse en la piel de un docente de Santiago del Estero, es un trabajo que solo
los dioses del Olimpo podrían animarse, no exagero, en un mundo consumista como
el nuestro, el maestro a probado que no se dobla, ni se quiebra, hablo de los
"MAESTROS".
Graciela, me cuenta algo que muchos sabemos de oído, las
rutas por donde atraviesan sus vidas para enseñar, son peligrosas, y muchas
veces mortales, tema que no existe en la propaganda gubernamental, y que
determina el horizonte de muchos comprovincianos. La paradoja, es que esos
caminos llenos de callos que recorren los maestros, benefician a la familia de
gobierno, la empresa de transporte es del pequeño Francisco, eso sí, es adecuada
al camino, incluso, sin baños para viajes de dos horas. El temple de Graciela
mantiene viva la esperanza, que al fin, y al cabo, aunque sea un lugar común,
es lo que nos mantiene vivos a todos.

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